Me comí un alfajor, lo admito. Y ya dejé de pensar en la culpa que sentí después de haberlo engullido por completo, así que me siento bien de nuevo.
Fue un momento extraño. Estaba estudiando en la Universidad para una prueba de Publicidad...
El ruido en el lugar era insoportable (Dios mío como gritan los argentinos!!), así que decidí ir a buscar un lugar más silencioso. No sé porque, pero llegué a la cafetería que en un milagro del Señor estaba más silenciosa que la biblioteca.
Me senté y no pude esquivar las señales que me mandaban los pastelitos en el mostrador, eran como rayos ultravioleta, ondas sonoras y flashes destellantes TODO JUNTO... decían "coomeme!!" y para no hacerlos enojar y evitar la rebelión de las masas (las que están hechas de harina) me compré uno.
Se veía increíble.Estaba llenísimo de dulce de leche, y sólo pude comprobarlo cuando le dí el primer mordisco que me reventó las papilas gustativas de lo dulce que estaba. Cuando logré recuperar mi mandíbula empezó el apocalípsis... mi cuerpo se puso en piloto automático, se me nubló la vista.. dejé de escuchar sonido alguno y sin pensar ni disfrutar, me "tragué" el pastel con esa velocidad que despeina.
Pasado el episodio vino la culpa, la angustia, pero en menor medida de lo que habría esperado. La preocupación fue fundamentalmente por el "modus operandi"... que cosa más rara que el trance alimenticio en el que cayó mi persona frente a dicho alfajor, sin responder a la conciencia y dejando de respirar prácticamente para poder tragar más rápido.
Es por eso que corro hoy. Hoy me castigo...
"Tonta Dani, tonta!" engulliste un alfajor y ni siquiera lo disfrutaste, la comida rica se disfruta hasta la última miguita... la lechuga se traga. A trotar se ha dicho...
En mi marca, lista... Fuera!

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